En el libro: “Movimientos sociales y política” escrito por Martin Scurrah y Claudia Bielich, se describe lo siguiente: “En la literatura sobre los movimientos sociales en América Latina pesa mucho la noción del escenario político de las últimas décadas, que se caracteriza por una manera de hacer política en la cual las organizaciones clasistas (y las identidades clasistas) han perdido poder, donde los partidos políticos se han debilitado hasta casi desaparecer en muchos países (sobre todo los andinos) y donde otras fuerzas políticas basadas en identidades de alguna manera excluidas por el sistema político formal, han cobrado mayor visibilidad. A estas fuerzas políticas se las han denominado movimientos sociales”.

Está claro que la sociedad organizada a través de partidos políticos, gremios y otros tipos de organizaciones sociales, se encuentran en una prolongada fase de crisis, con una carencia o simplemente inexistencia de tres principios fundamentales, organización, representatividad y liderazgo participativo.

La Defensoría del Pueblo en su último reporte de junio de 2019 dice que a la fecha, se encuentran activos 184 conflictos sociales en todo el Perú. En estos reportes se menciona a manera de diagnóstico que, los conflictos sociales se perciben como, contradicciones entre los intereses, objetivos, valores o necesidades entre el Estado / Empresa y las comunidades involucradas. Se estima que estas contradicciones por lo general derivan en movilizaciones sociales.

En la década de los años ’60, ’70 y ‘80, en la ciudad de Tingo María, Departamento de Huánuco, una organización católica laica belga, regento la Administración de una escuela Pública que hoy lleva el nombre de Colegio Padre Abad. La organización implemento la escuela con Profesores canadienses (Hermanos de la Caridad), en distintas ramas de la educación, desde deporte, hasta matemática, física y química. La escuela se vio beneficiada con infraestructura escolar, laboratorios de todo tipo, escuela de arte, infraestructura deportiva, cine, entre otros.

Desde de esta iniciativa de desarrollo escolar, relativamente acotada y pequeña, los propios Hermanos de la Caridad consiguieron implementar una iniciativa deportiva denominada liga KUSI. La liga consideraba competencias en tres disciplinas: mini futbol, basquetbol y voleibol y las categorías se consideraban para cada edad hasta los 16 años, empezaban con 6 años, así también se consideraban categorías para adultos.

Entonces, a partir de una organización consolidada y liderazgo participativo, los Hermanos de la Caridad, tenían movilizada a toda la población de Tingo María a través de tres disciplinas deportivas, durante 9 meses del año, durante todo el periodo escolar. Se movilizo una ciudad a través de la sociedad organizada.

En los años ’90 en Tarapoto, hasta tres administraciones municipales consecutivas, implementaron una iniciativa similar, interbarrios, con la finalidad de priorizar la ejecución de proyectos de infraestructura básica en la ciudad. Es decir, se realizaban las competencias deportivas entre los distintos barrios de la ciudad y aquellos barrios que resultaban ganadores de la competencia, se hacían merecedores de la construcción de agua, desagüe y alcantarillado de su lugar de origen.

En este caso nuevamente vemos configurada una organización consolidada y por supuesto, el liderazgo participativo incuestionable del Alcalde de la ciudad. Nuevamente, Se movilizo una ciudad a través de la sociedad organizada.

Estos dos casos nos demuestran que, las sociedades poco organizadas y que derivan en movimientos sociales, sin identidad, sin ideología, sin identificación programática y que se encuentran libres en los distintos espacios geográficos – sociales de nuestro país, constituyen una gran energía desaprovechada por nuestro país y que únicamente demandan ser apropiadamente representados desde una organización consolidada, con la dirección de un liderazgo participativo.